La regla de la abuelaLa abuela y su vaso de cristal
Los veranos en el pueblo tenían su propio ritual. Cada vez que una araña aparecía en la pared de la cocina, había gritos, alguien se subía a una silla y alguien buscaba una zapatilla.
Hasta que llegaba la abuela. Sin prisa, con un vaso de cristal y una postal vieja, atrapaba al bicho, lo sacaba al patio y lo dejaba en los geranios.
«En esta casa no se mata a nadie. Cada uno, a su sitio.»




